¿Qué es seducir?

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Seducir es generar con el trato y la disposición un interés en crear, mantener y mejorar la relación con nosotros. Es de vital importancia que haya una aportación en ambas direcciones. Nadie que no tenga nada que dar a los demás, ya sea físicamente,  intelectualmente o emocionalmente podrá hacerlo. Pero todos tenemos algo que aportar.

Cada persona puede seducir y ser seducida por cualquiera, sin implicar la creación de atracción sexual. La acción de seducir siempre se ha ve interpretada como una generación de atracción física en otra persona, pero esto no es estrictamente así. Si nos vamos a la RAE nos encontramos con las siguientes acepciones a la palabra seducir:

1.  Engañar con arte y maña; persuadir suavemente para algo malo.

2.  Atraer físicamente a alguien con el propósito de obtener de él una relación sexual.

3.  Embargar o cautivar el ánimo.

¿Podéis valorar cuál de las tres acepciones engloba a las otras dos?

Ánimo:

3.  Intención, voluntad.

4.  Atención o pensamiento.

Embargar o cautivar el ánimo. Embargar o cautivar la intención, la voluntad, la atención o el pensamiento. O  lo que es igual, generar con nuestro trato y disposición que los demás estén con y por nosotros. Con esto se pueden englobar las dos primeras acepciones de seducir:

Podemos cautivar la voluntad de la otra persona para que haga algo malo, así como podemos hacerlo con el pensamiento, la intención y la voluntad de otra persona para que quiera tener relaciones sexuales con nosotros.

¿A quiénes podemos seducir?

Realmente a todo el mundo. Podríamos cautivar a nuestro entrevistador para que nos dé el puesto que tanto nos ilusiona, a la vecina porque nos hace felices que de vez en cuando nos invite a tomar café con pastas y nos cuente sus entretenidas historias familiares o a nuestro hijo consiguiendo que prefiera venir de paseo a quedarse jugando a la videoconsola.

Por supuesto seducir genera opciones, poder de elección. Amplía nuestros círculos. Implica que nuestras elecciones no sean conformistas, que nos rodeemos de las personas con las que nos queremos relacionar, que nos hagan crecer y que lo hagan con nosotros.

Las habilidades de seducción son una gran herramienta, sin embargo, también pueden ser utilizadas para mal. Como un martillo, con este puedes moldear el metal, pero también partir cráneos. Podemos crear fuertes emociones en los demás y – siendo o no a propósito – hacer daño. Importante señal de advertencia, creo necesaria, para contrastar actos con la ética y la moral. Hay un dicho gracioso que dice así: “prometo y prometo hasta que la meto y, una vez metido, se acabó lo prometido”. Haced que las personas reciban lo que esperen de vosotros y, si no se lo vais a dar, procurad que no lo esperen.

Lucas

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